El Segundo nacimiento

Generalmente, celebrar un cumpleaños suele ser un motivo de gozo y de alegría aunque por desgracia, de un hecho tan hermoso como es el recuerdo del día que abrimos los ojos a la vida, se nos queda reducido a una celebración de un evento meramente social.

Aún así, si lo reflexionamos bien, nos damos cuenta de que todo el proceso de la gestación de un nuevo ser y su nacimiento es algo realmente extraordinario y casi milagroso, un hecho que sucede todos los días para que no olvidemos el mayor de los regalos: la vida.

Pero yo no quería escribir sobre este tipo de nacimiento pues sobre él hay mucha bibliografía a nuestra disposición. Mi deseo es escribir sobre otra forma de nacer, no en el plano físico obviamente, sino a nivel mental, emocional y espiritual.

Como he dicho anteriormente, la vida es el más preciado regalo del que disponemos. Pero yo creo, que si hay algo comparablemente tan grande como ella, es sin duda el amor.

Hablar del amor resultaría interminable. Se ha dicho mucho sobre el amor y nunca será suficiente porqué el amor verdadero no tiene límites, es algo sagrado, sublime, eterno e imperecedero.

¿Pero qué hay sobre el amor a nosotros mismos?… ¡Ahí es adonde yo quería ir a parar!

Yo creo que el primer nacimiento se produjo el día en que nacimos. El segundo nacimiento se hace una realidad cuando somos capaces de amarnos a nosotros mismos de una forma auténtica, verdadera, sin reservas y sin condiciones.

Volvemos a nacer cuando nos atrevemos a mirar, a reconocer, a abrazar en su totalidad a ese ser tan valioso que habita en nosotros, ese ser que somos nosotros mismos y que hemos tenido en el olvido durante demasiado tiempo.

Volver a nacer es como quitarse el ropaje viejo del desamor, de la crítica, del castigo y de los reproches para ponernos un vestido de colorines, puesto que amarse a uno mismo se convierte en una auténtica fiesta.

Volvemos a nacer cuando aún siendo débiles o vulnerables, somos comprensivos, pacientes, amables y compasivos con nosotros mismos, cuando aceptamos nuestras derrotas, cuando nos rendimos al orgullo, cuando nos perdonamos.

Sin duda, la verdadera magia es amarse a uno mismo.

Carmina Ruiz

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