Beneficios de trabajar la tierra

¿Qué podemos encontrar en el hecho de trabajar la tierra en un huerto?

¿Para qué nos puede servir el contacto con la tierra?

Estoy encantado de poder explicaros la experiencia personal de algunos de los aprendizajes en mi huerto.

BENEFICIOS DE TRABAJAR LA TIERRA

Trabajar un huerto para mí ha tenido muchos resultados positivos:

– Realizar un gran aprendizaje. Aprender cuando trabajar la tierra, practicar como incorporar los fertilizantes orgánicos, conocer los cuidados necesarios de las diferentes hortalizas, aprender cómo y cuándo recogerlas, entender su funcionamiento y aplicarles los cuidados necesarios, teniendo en cuenta siempre el máximo de sostenibilidad.

Compartir con la tierra y recibir de ella. Darle a la tierra muchos cuidados, trabajándola con las manos, estando cercano a ella, regando siempre que sea necesario, protegiendo a las plantas con umbráculo, mimando las lombrices y pensando siempre positivamente en que ella es agradecida con el que la cuida. La tierra siempre da frutos para el que le cuida y quiere compartir con ella. Tú siembras una semilla y le entregas tu tiempo, y terminas recogiendo los frutos.

– Encontrarme mejor. El hecho de trabajar el huerto es una válvula de escape muy importante para mí. Me ayuda a desconectar de mi trabajo y de mis rutinas diarias. Me siento muy realizado cuando recojo una lechuga o unos tomates y puedo preparar una ensalada para mí y los míos.

– Practicar la ecología. Para mí, descubrir que es posible producir hortalizas y verduras si tener necesidad de utilizar ni abonos minerales, ni fitosanitarios, ni tratamientos con productos químicos de síntesis, ha sido un gran descubrimiento. Yo que en mi formación productivista tenía clarísimo que sin productos químicos era imposible obtener resultados en el huerto, he comprobado desde hace unos diez años que estaba totalmente equivocado. Es posible obtener alimentos sanos si uno tiene claro que debe aprender a convivir con los insectos no favorables, a partir de otros insectos depredadores y utilizando lo que se denomina fauna útil para tener una biodiversidad importante en nuestro huerto. Todo tiene un punto de equilibrio necesario, y la experiencia me lo ha ido enseñando.

– Practicar la generosidad. Cuando una persona se dedica a cultivar un huerto, al menos en mi caso me ocurre así, siempre planto más de lo necesario. Esto implica una mayor producción que la que necesitamos para alimentarnos en casa, y por tanto estoy en disposición y contento de poder compartir y practicar la generosidad ofreciendo los frutos a mis amigos y personas cercanas. Es un acto de responsabilidad consigo mismo y con la misma tierra que ha producido las verduras y frutos.

– Alimentarme más saludablemente. Es evidente que la alimentación en mi casa se ha vuelto más saludable con las hortalizas del huerto. Es más natural porque es de producción ecológica, porque la he producido con mis manos, porque sé de primera mano de donde viene, porque puede estar recogida y preparada, porque es de kilómetro cero, porque está acompañada de amor en su formación y en su preparación. Todo un lujo y un placer, de verdad

– Experimentar nuevas cosas. La base de mi vida, consciente des de hace muchos años ya, es la experimentación y el hecho de cuidar el huerto es para mí de las mejores experiencias de mi vida. Y no tienen fin, nunca…

Si aún estáis leyendo mi aportación, me siento feliz, porque seguro que alguna cosa de las que he escrito os ha llegado.

Gràcies!

Joan Minguet

ENGINYER AGRÒNOM I HORTOLÀ

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